Soñar 24h

Sabemos los tiempos que corren. No hay “faena” de las de estar sentado, ni para estar sentado. Con mucha suerte queda algo para acabar de llenarse los zapatos de barro. Ahora vamos todos con los zapatos relucientes, puesto que tenemos tiempo para ello. El maletero -los que tengan- no tiene más que algún plano doblado, preferiblemente grande, para evitar manchar el fondo con esos zapatos llenos de tierra. El plano sigue aquí y los zapatos no.

Antes -como si llamase a un tiempo realmente lejano-, teníamos tiempo para trabajar prácticamente todo el día. Siempre había un plano que acabar, una sección que actualizar o una caratula que modificar. Siempre podíamos hacer una “extra” más por el mismo precio.  Pero ahora no hay tiempo para eso. No hay tiempo para visar, ni encarpetar, ni doblar planos, encuadernar, apilar, aparcar, abrir el sistema operativo, ni tan solo para encender el ordenador.

Antes -repito-, no te ofrecían un sueldo para pensar en arquitectura ni para hacer arquitectura. Todo era ejecución. El tiempo era oro, no se podía vacilar, ni dudar. Tampoco dramaticemos, no era responsabilidad nuestra. Nos nos pagaban para tener una responsabilidad.

Ahora -como si contase a partir de hoy- no tenemos horario de trabajo. No podemos diferenciar entre trabajar para la arquitectura o en arquitectura. Como decía De la Sota, “tiempo suspendido”. Aunque defina -él- claramente lo que es, me refiero a las 24 horas del día posibles para pensar realmente en arquitectura. Ahora la responsabilidad sí que recae en todos nosotros. Tenemos la batuta de lo que será. Tenemos 24 horas para hacer concursos que nunca se ejecutarán, reflexiones que antes no hacíamos, redibujar, reescribir, releer, redescubrir lo que hemos hecho, y todas las palabras que se os ocurran con un “re-” delante.

Ahora -repito- nos cobramos el sueldo de una bolsa vacía, porque lo que salga de nuestras mentes, será el trabajo al que nos enfrentaremos. Es una inversión. Todo será ejecución. El tiempo no será oro, ¡será vida!. Podemos dudar, crear utopías, relanzarnos, reinventarnos, resolver problemas que a nadie le importan. Podemos tener el encargo de nuestros sueños. Siempre podemos pensar que mucha arquitectura valorada, nunca se llegó a ejecutar.

Lloremos porque no tenemos un sueldo y no podemos pagarnos el alquiler, pero no porque no podamos hacer aquello a lo que hemos venido. Podremos inventar nuevos encargos, montar cooperativas, aprender, formarnos de verdad, y todo lo que se nos ocurra. Lo mejor, es que no habrá que pagar créditos por ello. Ahora todo está encima del papel, y sobre el papel todo se aguanta. El futuro se ha convertido en presente y el mañana -hoy por hoy-, no nos ha de quitar el sueño. Tenemos 24 horas para hacer arquitectura. Sí esto no es tu sueño, dedícate a limpiar tus zapatos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s