Sin ciudad del futuro (post semanal-3)

El cine y la arquitectura son como hermanos. Si la arquitectura, entre otras muchas cosas, es el trasfondo de nuestras acciones y reacciones, en el cine se ha de lucir como tal. Del mismo modo, -estos hermanos-  se pueden llevar bien o discutir continuamente. Si congenian, se suele decir: ¡ay! que buenos hermanos-. En caso contrario: ¡son cosas de hermanos!.  Del modo que sea siempre tenemos algún comentario al respecto.

De lo que nadie escapa valorar tampoco es la sensación -buena o mala-  que nos provoca ver un entorno que no corresponde a nuestra epoca. No importa una película ambientada en el siglo XVIII o en el siglo XXII. Sí es cierto que “hacia atrás” parece que el peso recae en la documentación histórica, en cambio, al mirar hacia “lo que no está escrito”, el tema cambia. Podemos ver películas ambientadas en el siglo XXI donde los cambios son brutales. En estos, el efecto 2000 presagia una vorágine de cambios exponenciales que nos llevan a vivir una utopía  o un futuro devastado por vete tu a saber que: alienígenas, terremotos, volcanes, calentamiento global, enfermedades y epidemias, las máquinas físicamente, las maquinas con su software… Es interminable.

A mi personalmente, al margen de las críticas, me parece peculiar un ejemplo en concreto: la visión futurista de la película  “Regreso al futuro II”, de Robert Zemeckis (1989). En este caso,  me parece muy conservadora a la par que curiosa, la imagen del futuro. No hay ciudades con rascacielos inmensos interconectados, con vehículos voladores. Estás imágenes tan densas y sublimes -aunque reales- son propias de un cuadro de Doré, donde se ha rozado el límite físico. En este caso no es así. Simplemente, hay un salto tecnológico en relación a la persona. El entorno aparentemente sigue igual. Las mejoras tecnológicas nos invaden, quizá cambia el modo de comportarnos, de socializarnos con el resto,  pero las viviendas, simplemente se rehabilitan y se rehabitan, no se substituyen por capsulas de 15,3 m2  en la planta 211.

Las viviendas evolucionan, no se cambian, no hay tabula rasa. Quizá cada día que pasa se sobreescribe y  se acerca más este estilo de habitar de este film. Como una evolución -rápida si se requiere- pero no rompedora con el pasado. Creo que somos consecuencia de lo que hemos sido y no causa de lo que queremos ser – o hacer- de nuestras ciudades.

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