Arquitectura para perros (post semanal-2)

Seré breve. Nunca lo visité antes, ni pasé por delante accidentalmente durante mis excursiones, ni me interesé, ni pretendía hacer cola para verlo en su momento. Estoy hablando del canódromo de la Sagrera, como comúnmente se le conoce. Asoma tímido por la Av/Meridiana, no te percatas de su presencia. No es una construcción alta. Una vez allí, puedes ver que se sitúa en la acera de enfrente del centro comercial del barrio, con su historia también.

No pretendo hacer un tratado de como esta arquitectura racionalista, premiada con un FAD en su año (1963), ha sido intervenida. Ni de como su uso se ha transformado en otro más local. El único aspecto que me gustaría remarcar para hacer debate, es uno de los destacados por  las dos arquitectas que nos hicieron la visita.

Originalmente, como todo canódromo, tenía su valla que marcaba el dentro y el resto de la ciudad. Más bien, hacía que los perros no se escapasen en un ataque de ira, al ver que el conejito -hijo de un molde de plástico-, les daba esquinazo. Con la misma forma que una pista de atletismo: curva a la derecha, recta, curva a la derecha, recta ; los corredores, animados por los desgañitados apostantes, corrían como si esa silueta con forma de conejo, les anunciase su último bocado.

Volvamos al tema. Este aspecto,  no sé si pasaba desapercibido para el arquitecto, o simplemente no le preocupaba a  su público, ni a la ciudad. El auténtico espectador de esta arquitectura ejemplar, ¡era el perro!. Los canes, alejados de la grada eran los únicos que podían ver esta magnifica estructura al completo. Los usuarios humanos, no podían verla por la valla. Ni podían verlo desde dentro, porque el acceso, o bien daba a la sala de apuestas o a la grada. Admito que el valor que le doy es difícil de entender para la mayoría, pero no me había percatado que el perro era el único que tomaba suficiente distancia para ver aquello de forma íntegra.

En resumen, la mejor arquitectura con diferencia, nunca proyectada ni construida para el deleite de un perro. Si acudís a visitarlo, haced de perro, pero no en el niño-can: esa jaula por donde corren los niños sin pista marcada.

Por suerte se mantiene la trazada del original, todo un acierto.

GALERÍA DE IMÁGENES

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s